miércoles, julio 7

Rafa llamó para contarme que tenía un proyecto...


... Rafa y yo casi nunca hablamos por teléfono. Buscaba cuarenta y nueve personas con las que publicar un libro titulado cincuenta maneras de ser tu amante. En el mundo respiran tipos a los que no se les puede decir que no y Rafa es uno de ellos. Escribe lo que te dé la gana. Solamente una condición: perderás tu nombre.

De las seis palabras del título, sentí que amante era la que poseía más empaque. Qué podía contar yo de números o de maneras. Así, concluí que debía escribir algo en las afueras de amante, no muy cerca, pero tampoco demasiado lejos. Vaya. De aquella yo había dejado de escribir para dentro y estaba empezado a escribir para fuera, a ratos, divirtiéndome siendo quien no era. Y no estaba seguro de que eso fuera lo que Rafa quería o, mejor dicho, lo que el libro requería. Ahí, quizás, radicó el error.

Gasté días y noches regresando a relatos escritos en el pasado, cambiando palabras, corrigiendo sintaxis y modificando significados, encendiendo velas en el alféizar a media tarde, pidiendo por teléfono la cena con la esperanza de que, para cuando sonara el timbre de la puerta, las palabras habrían ocupado el lugar correcto. Pero todo tardó demasiado. Como esos pintores abandonados por la intuición que detiene los pinceles en el momento adecuado, el viento apagaba las velas y nadie regresaba a casa.

Al final elegí el relato por un recuerdo. El de una noche en la que abrí una puerta y el amor era un pantalón de pijama lavado ya demasiadas veces...

1 comentario:

Artemio Rulan dijo...

y recuerdo y relato han quedado engastados perfectos entre las otras 49 maneras. gracias compañero

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