jueves, febrero 24

El paseo 2

Dobla la esquina a la derecha y llega a una plaza pequeña en cuyo centro una fuente sin agua y una palmera dormitan. A su alrededor, tres bancos de piedra sin respaldo completan el escenario de la noche. En uno de ellos, una mujer de pelo largo y negro toca una trompeta. Cuando pasa a su lado, la mujer deja de tocar para pedirle unas monedas. Horacio busca en sus bolsillos y encuentra tres monedas de cincuenta zorros cada una. Un luco equivale a cien zorros. Las deposita en la funda abierta de la trompeta que custodia los pies de la trompetista. Al lado, escrito en un trozo de cartón lee el arte no tiene precio pero el pan sí. La mujer asiente agradecida y continúa la canción en la nota exacta donde la había dejado. Horacio se sienta en el banco a su izquierda. Si es un cantante famoso, conoce la melodía y tararea a la vez que marca el ritmo con la palma de las manos sobre las rodillas. Si es un viajante vendedor de calcetines, piensa en regresar al hotel y tomar una copa en el bar. Si Adela, su segunda mujer, acaba de abandonarle, la canción le entristece y le hace pensar que su vida hasta ahora, quizás, no vale nada. Saca la pinza de plástico naranja del bolsillo del abrigo y con el índice y el pulgar de su mano derecha intenta acercar los extremos del artilugio. Las dos piezas simétricas, partidas por la mitad, y el muelle que las mantenía unidas saltan por los aires. La mujer no puede evitar reírse mientras toca y el aire de una carcajada recorre el interior circular del instrumento desde la embocadura hasta el pabellón para transformarse en un sonido estridente que espanta a los pájaros dormidos en las ramas de la palmera. Horacio ríe también. Se pone en pie, recoge los restos de la pinza, cuatro pedazos de plástico y un muelle de acero, y los abandona en la funda de la trompeta, junto a las tres monedas de cincuenta zorros cada una y a las palabras escritas en el cartón. La mujer le mira sin entender. Horacio agacha la cabeza y camina dejando atrás la fuente y la palmera, los bancos de piedra, la música y la plaza.

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