No olvidaré
el tacto frío de las vidrieras
ni el sonido de los trenes,
las colas para entrar en los museos
o lo que octubre estaba haciendo
con los sauces de la avenida.
No olvidaré la ceniza
que el humo de los tubos de escape
depositaba en las fachadas,
ni la pendiente suave de la calle
hasta alcanzar la plaza
donde sucedió
aquel encuentro inesperado.
Así el tiempo ha hecho
siempre con nosotros.
Como marzo con los nogales.
gijón.ocualquierotraciudad.
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