Encontrarnos,
después de tantos lunes,
vencidos y a oscuras
como dos viajeros de regreso a casa
en una estación de metro vacía
y de pronto sin luces.
Ser a ciegas lo que quieran nuestras
manos.
Dormir al fin un sueño de suicidas
con la alegría que, en ocasiones,
ocupa en el pecho el hueco
que deja el miedo.
gijón.julio2012
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