Las
calles del barrio
resisten
el invierno y
cesa
la lluvia que ilumina
las
piedras oscuras
de
las calles.
Yo
camino en silencio y sé
que
detrás de los edificios
aguarda
un mar gris
plagado
de cadáveres.
Enero
muerde con sus dientes
fríos
como espejos
los
últimas días de esta vida.
Después
llegarás tú
y
estarán todos los demás.
Yo
anhelo deshacerme
de
esta torpeza y de estas manos.
Alcanzaré
otras calles
en
las que perderme
contigo
porque a pesar
de
todas las ausencias
aún
deseo más que nada
en
el mundo
sentirme
solo
terriblemente
solo a veces
en
tu compañía
presos
a sabiendas
de
querernos mal
de
querernos poco
incapaces
casi todos los días
de
ser livianos
incapaces
de redimirnos
torpes
como lo son mis manos
acostumbradas
hace años
a
custodiar un cuerpo
que
ya no es el tuyo y
que
ya no es el mío.
gijón.eneroenseñandolosdientes.2012
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