Después
vendrán los días
en
los que el desayuno no será un manzana
ni
las preguntas escritas en las paredes
del
cuarto de baño
indelebles
incisivas
serán
las tardes de lluvia
con
una taza de café caliente
entre
las manos y los muros
donde
recordar cuando decías
es
la calefacción de los pobres.
Un
compacto de los immaculate fools
rayado
en la tercera
la
penthouse de noviembre
con
depilaciones pasadas de moda
y
más preguntas
y
más indelebles
a
la hora del desayuno que no será una manzana
en
el bañal de la cocina
los
cacharros de todas las cenas
sucios
de tiempo.
Buceaba
en los montones de ropa
que
dejaste
como
un cazarrecompensas
o
un ladrón
o
un policía desorientado
y
encontré las bragas
que
te quitabas sin usar las manos.
Me
las puse y con el móvil
frente
al espejo estuve haciéndome fotografías
que
después envié a mi hermano.
Después
sentí frío
y
después vendrán los días
que
ya llegaron.
Me
duchaba vestido
y
fumaba un par de cigarrillos
de
los que odiabas.
Me
quedé dormido
frente
a la televisión apagada
y
soñé contigo como siempre.
Al
despertar me dolían las muñecas
y
la tarde estaba oscura pero fértil
dulce
y llena de helio.
Leí
algo que había escrito hacía diez años.
Mientras
se cocían los macarrones
fumé
otro cigarrillo
el
último que me quedaba.
Estaba
convencido de que los días
habían
llegado
y
no parecían tan malos.
Recordé
cuando te levantaste de la silla
de
plástico negro
y
en el asiento quedó
como
una isla
la
humedad de tu sexo.
Entonces
te perseguí para presentarme.
Cómo
te reías.
Ahora
llegaron los días que iban a venir.
gijón.mayo2012
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