lunes, septiembre 16

Ana dice que no quiere hablar conmigo

Ana dice que no quiere hablar mucho conmigo porque tiene miedo de leerse después en alguna de las historias que escribo. Yo sonrío y ella me mira, seria y asustada, desde sus ojos grises. Supongo que corres ese riesgo, contesto al fin. ¿Ya lo hiciste?, pregunta. Aún no. ¿Aún no? Eso es que piensas hacerlo. Bebo un sorbo del café que compartimos en el descanso de la guardia, antes de contestar. No lo he pensado, la verdad. Bueno, mejor dicho, aún no ha sucedido. ¿El qué?, vuelve a preguntar, mientras mira por la ventana, donde transcurre una mañana de sábado que parece irreal. El que hayas aparecido cuando estoy escribiendo. No digo que sea un momento mágico ni litúrgico ni cosas de esas; pero la mayoría de las veces comienzo a escribir sin saber muy bien hacia dónde me dirijo. Y en el trayecto va apareciendo lo que quiere. Tú aún no has aparecido. Vaya, me alegro, responde. ¿Decepcionada?, pregunto. No. No, qué va. Aliviada. Está bien, le digo para terminar la conversación. A los pocos segundos, prosigue: por favor, no me hagas parecer idiota, no me desnudes y, por supuesto, no me mates. Me echo a reír y, al instante, ella me acompaña con una sonora carcajada.

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