sábado, septiembre 21

No creo que contar lo que sucede sea suficiente


No creo que contar lo que sucede, la cotidianidad, sea suficiente. Debo buscar una línea argumental, una vía por la que esta historia avance. Si me quedo parado en el anecdotario doméstico se volverá plomiza, estéril, inerte. Por más que encuentre adjetivos adecuados. Quizás sea necesario deformar la realidad, forzarla, encontrar los puntos de fuga, la ficción verosímil, el encanto de lo irreal por imprevisible. Creo que fue Pedro Juan Gutiérrez, quizás el escritor más salvaje que he leído, quien dice que en una novela hay que construir un universo propio y después esconder el andamiaje. Yo estoy haciendo todo lo contrario. No soy un escritor salvaje.
          Comencé a leer Trilogía Sucia de La Habana en un atasco de horas en el paso fronterizo de La Junquera. Apoyado el libro contra el volante, las dos horas que estuve parado se convirtieron en humo. Recuerdo la sensación de sorpresa cuando el coche que precedía al mío encendió el motor y comenzó a separarse lentamente. Yo hubiera seguido leyendo un par de horas más. Lo que me sobraba en aquella época eran kilómetros al volante. Lo que me faltaban eran buenos libros.
         Conduje por las autopistas francesas haciendo saltar los radares. Sin detenerme. En una estación de servicio, en un alto desde el que podía verse San Sebastián, le escribí a Rebeca un mensaje: esta ciudad me mira con tus ojos, que es para mí el mejor verso de García Montero. No conozco otra manera de utilizar las palabras ciudad y ojos de una forma tan afilada. Y continué camino hasta encontrarnos. En aquella época me pasaba los días regresando, pero nunca lo hacía del todo. Siempre llegaba el momento en el que escapaba de nuevo.

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