madera, Rebeca dice me gusta esperar en los aeropuertos, la sensación de
que son lugares en los que puede que no vuelvas a estar nunca más, ver como
los aviones despegan y aterrizan e intentar imaginar la cantidad de gente que
se sienta en su interior, este vaivén de personas y maletas, seres vivos e
inertes en un flujo constante de ida y vuelta, como la circulación de un
organismo. Yo cierro el libro de Soriano que compré en Corrientes porque sé
que Rebeca va a seguir hablando. Jero pide una galleta. Rebeca se la entrega.
Eso es porque no has tenido que despedirte de nadie para siempre. Rebeca
me mira sorprendida, como si no pudiera creer lo que yo acabo de decir. Se
echa a reír y me abraza. Ni tú tampoco, imbécil, ni tú tampoco.
*
Señoras y señores pasajeros, les habla el comandante Burdisso. Debido a
problemas mecánicos surgidos durante el vuelo en dos de los seis motores del
avión, perdemos potencia y altura desde hace unos minutos. Ante la
imposibilidad de regresar a Buenos Aires, aterrizaremos en una de las islas del
archipiélago de Cabo Verde, en un tiempo aproximado de dos horas. Aunque
anómala, la situación y el desarrollo del vuelo están controlados en todo
momento. Por su seguridad, les ruego permanezcan sentados y con los
cinturones de sus asientos abrochados hasta la finalización del vuelo.
Mantengan la calma. Les iré informando de cualquier novedad que surja.
Muchas gracias por su atención y, repito, mantengan la calma.
gijón-ezeiza mayo2011-marzo2013
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