de vigilante de costas
cuento las olas
que llegan a la playa
guío los barcos
con el fuego del sol
en la palma de la mano
y sello mis labios
con el dedo índice
para pedir silencio
a las gaviotas
callad necias
no chilléis
la muerte se acerca
desde hace tiempo
me gusta una sirena
y esta noche
la quiero invitar a cenar
buscaré un restaurante
en el que no pongan pescado
la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004
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