lunes, enero 7

ballenas

Vivimos buscando ballenas. De pie en la playa, acompañados por nuestro aliento y el silencio que destila, miramos desafiantes a la línea negra, frontera de cielo y mar donde, creemos, está lo que buscamos. Porque todos necesitamos algo que perseguir, como el galgo tras el conejo de metal o el burro tras el premio de la zanahoria.
Montamos en las olas esculpidas por el viento y empezamos a buscar un signo, primero a ciegas, para de repente, sin que pase un tiempo concreto porque cada uno busca su ballena, encontrar la primera señal de lo que acechamos: una aleta, un salto, un soplido de agua blanca. Entonces seguimos su rastro como perros de presa, sin atender nada más. Y nuestro corazón se alegra mientras reducimos la distancia entre nosotros y nuestro sueño.
Ya frente a ellas las vemos saltar, resoplar, girar sobre sí. Estamos ensimismados porque hemos alcanzado lo que habíamos venido a buscar.
¿Cuál es el problema? No encontrar la ballena que has buscado toda tu vida.

mil palabras.evinayong.julio1999

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