Un avión despegaba en ezeiza y yo me perdía una vez más por las calles del barrio judío de girona. Descubrí rincones pintados en sombras, banderas inocentes y olores de verano en la tarde de mayo. Al costado de la catedral, un par de huevos con chorizo y dos cafés. Canciones. Un libro de palabras afiladas y certeras.
Detengo el tiempo sentado junto a un árbol del que, como tantas otras veces antes, desconozco el nombre. De sus brazos el viento desprende pequeñas flores marchitas que dormitan en los pliegues de mi camiseta. Colgados de la alambrada, tendiendo hacia sus senos blancos, en la mañana de lisboa, las latas oxidadas. Fin de capítulo.
Se fue. Creo que se fue. Sí. Se marcharon el dolor, las fuerzas y las ganas de echarte de menos.
Hoy cambio tus tetas por esta tarde. Y la marea de tu vientre por los tejados de la ciudad mecida en siesta.
el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.girona.mayo2006
Detengo el tiempo sentado junto a un árbol del que, como tantas otras veces antes, desconozco el nombre. De sus brazos el viento desprende pequeñas flores marchitas que dormitan en los pliegues de mi camiseta. Colgados de la alambrada, tendiendo hacia sus senos blancos, en la mañana de lisboa, las latas oxidadas. Fin de capítulo.
Se fue. Creo que se fue. Sí. Se marcharon el dolor, las fuerzas y las ganas de echarte de menos.
Hoy cambio tus tetas por esta tarde. Y la marea de tu vientre por los tejados de la ciudad mecida en siesta.
el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.girona.mayo2006
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