Llamaron para decir que la abuela se muere. Silenciosamente. Me pregunto si la gente se muere como vive. Pienso en todos estos años e intento encontrar en las esquinas de la memoria alguna ocasión en que María hubiera perdido la calma. Y no la encuentro. No la encuentro porque no ocurrió nunca.
En su silencio aprendí mucho más que en mil palabras dichas por otra gente. En esta época que me ha tocado vivir, en la que lo importante es hacer ruido, fue un privilegio aprender de ella y tenerla al lado.
Me quedo con sus sabios silencios, sus ojos vivaces, su sonrisa maestra, su bondad, su pausa, su alegría, su valentía, su debilidad, su fuerza.
Hagamos que nuestra vida, como las cosas de verdadero valor, no luzca, pero pese, leí que escribió Séneca.
gijón.julio2006
No hay comentarios:
Publicar un comentario