¿Por qué te comportas así?
¿Cómo?
¿Cómo? Pues como si nada hubiera pasado, como si me
hubiera ido a trabajar esta mañana y regresara ahora a casa, te diera un beso
en la frente y nos sentáramos a cenar.
Tampoco
es así, exactamente.
Me hace sentir mal.
No es mi intención, créeme. Pero reconozco que tampoco me
importa demasiado.
¿En qué andas metido?
¿Yo? En nada.
Me cuesta creerte.
Yo tampoco me creo una palabra de las que dices, Petra.
Joder, no sé por qué cojones hemos venido a esta
habitación de hotel. No tiene sentido.
Lo que no tiene sentido es discutir, contesté para
terminar la conversación. Le di la espalda y frente a la ventana busqué la hora
en la muñeca. Faltaban tres minutos para las once.
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