Remonta la calle hasta alcanzar la avenida. A su paso por el portal, el mendigo, el ladrón, el jipi se hace visible entre las sombras y levanta la mano para saludarle. Ya en la avenida camina en la misma dirección que los coches hasta llegar a un paso de peatones. Lo cruza sin prisa. Solo pisa las líneas blancas. Se detiene en la acera de enfrente e intenta recordar la calle por la que llegó a la avenida. Descubre apagado el cartel del bar donde conoció a la camarera miope y al tipo que meaba con la puerta abierta. Inicia el camino que le ha de llevar a la plaza donde la fuente, la palmera y los bancos de piedra a nadie ya escuchan tocar la trompeta. Se sienta en el mismo banco de antes, saca la pinza del bolsillo y la observa durante unos minutos poniéndola frente a sus ojos. Estudia sus perfiles. De nuevo en pie, se está haciendo tarde y mañana tiene que cantar, tiene una cita con un cliente, no tiene nada que hacer, abandona la plaza y elige el camino de la izquierda para llegar a la calle peatonal donde la anciana le llamó desde la ventana de un primer piso. Se acerca al edificio y, de nuevo con las manos en los bolsillos, observa la fachada. No hay luz en la ventana. Se desabrocha el abrigo, se lo quita y, doblado por la mitad, lo dobla con cuidado en el suelo, a salvo de la humedad. Se acerca a la pared y trepa por el canalón hasta la marquesina del portal. Una vez allí, de puntillas y con la cara pegada a la pared, extiende el brazo izquierdo y coloca la pinza en la cuerda de tender. Después, recupera la postura fácil, se limpia satisfecho las palmas de las manos en los pantalones e inica el descenso que culmina con un salto limpio que le deposita en la calle, a pocos metros del abrigo. Lo recoge, se lo pone y, levantándose de nuevo las solapas, sonríe satisfecho. Mira a ambos lados de la calle, mete las manos en los bolsillos del abrigo y camina en dirección al hotel. A lo lejos puede ver que las luces de la recepción continúan encendidas. Empuja la puerta giratoria mientras piensa que mañana tiene que acordarse de comprar una postal de la ciudad con la silueta de palmeras recortada en el horizonte como fuegos de artificio. Adela las coleccionaba.
ciudad con palmeras.marzo2011
ciudad con palmeras.marzo2011
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