sábado, marzo 16

La fauna de las ciudades

La fauna de las ciudades. El asedio constante e incansable del miedo al fracaso. Una canción de Zitarrosa cantada por un tipo que en nada se le parece en una de las calles peatonales que rodean el mercado del puerto. Una de Martín Buscaglia mientras rastreo lomos con la yema de los dedos en las estanterías de una librería en Tristán Narvaja. Los colectivos solitarios de domingo que recorren las calles vacías a la caza de transeúntes en las paradas. Cuando los engullen con un ruido de respirar hidráulico. Una solución de emergencia para la reacción alérgica de Jero. El viento que viene del río y barre la arena que él mismo deposita sobre el alquitrán deformado por el calor en la rambla. Y Bengoechea de bronce en Los Aromos contra el que no puede. El día que yo estaba viéndole en el Bernabéu le hizo un caño inolvidable a Tendillo. Gorriones. Palomas. Gaviotas. Los primeros, al resguardo de la nieve bajo los bancos y los palmerales de Pocitos. Las terceras, que chillan a nuestro paso para convocar a las nubes. Nosotros, palomas. Buscamos hasta el anochecer los lugares de la memoria. Yaguarón con Dieciocho de Julio. Cerro Largo y Minas. Dormiremos más tarde en el alféizar de los hoteles con las plumas ahuecadas. Rebeca alimenta a Jero con mansedumbre. Yo me tumbo a su lado hasta que se duerme. Después los dos, tirados en la cama, desplegamos el mapa de la ciudad sobre las almohadas para encontrarnos. Y a veces pasa. 

montevideo.febrero2013 

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