Tú
vas a gobernar la lluvia.
O
a detener el viento,
como
hiciste aquella tarde bajo las palmeras.
Al
menos, ese es el recuerdo que yo tengo.
Noticias
de guerra inundaban los escaparates,
Nacional
empataba con Danubio en el último minuto,
un
autoestopista en la dieciocho de julio se desmoronaba y
una
mujer desnuda bailaba sobre el capó
de
un coche mal aparcado frente al Solís.
Y
las gotas de lluvia detenidas en el aire.
Nunca
antes había visto cosa igual.
Tú
sonreías y te dejabas hacer.
Desmadejada.
Más
ausente, si cabe, que los días en el Polonio,
que
las tres noches feroces que pasamos
en
la habitación de aquel hotelucho en Sarandí.
Cuando
fuimos rabia y fuimos olvido.
Y
demasiadas canciones de Bigott.
Y
dosis excesivas de alcohol y de tristeza.
deregresoabbaa.febrero2013
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