lunes, abril 8

Voy a dar un paseo hasta la frontera

Paseamos por los caminos de tierra del Tiergarten, rasgando la niebla de la mañana con el carrito de Jero, que dormía, como punta de lanza. Hasta alcanzar la puerta de Brandenburgo. Sin esfuerzo atravesamos el muro que nos separaba de ella, aunque cayera por fin aquella noche de invierno en la que todos teníamos doce años y los del otro lado eran Iván Drago, o Gorbachov y su isla imaginaria en la cabeza o, mejor, Dasaev, Zavarov, Belanov. Y Jero despertó entonces, justo cuando hacíamos la entrada triunfal en Parisplatz, cansado tal vez de ser el arma de la que Rebeca y yo nos valíamos para, siguiendo las instrucciones de Leonard Cohen, tomar Berlín, como hace ya años, Rebeca y yo aún sin Jero, es decir, dos personas diferentes a las que hoy conquistan Berlin, armados a las puertas de los apartamentos Dakota, tomamos Manhattan.

Continuamos nuestro avance, sin mirar atrás, convencidos de nuestra victoria, y sorprendimos a los tilos de Unter den Linden y de Marlene aún sin florecer y los hicimos nuestros para siempre. Jero reía carcajadas en un idioma extraño para Rebeca y para mí; pero diferente al alemán. Si todo es tan sencillo como hasta ahora, Berlín caerá en pocas horas, dijo seria Rebeca mirando al frente. Jero la señaló con el índice mientras decía aquellas cinco palabras y se echó a reír después. 

Cantando a gritos la canción de Battiato y con Jero en brazos de su madre, alzamos nuestra bandera en el centro de Alexanderplatz y yo recordé a mis padres, como siempre que escucho una canción del italiano y abracé fuerte a Rebeca y abracé también a Jero que, con cara sorprendida por nuestros gritos alegres, nos miraba con ojos grandes y fijos, mientras Rebeca le decía al oído meruco, tú aún no te enteras, pero Berlín ya es nuestro. Aaaalexanderplatz, aufiiiiidersen, y habíiiia nieeeve. Voy a dar un paseo hasta la frontera. Voy contigo.

berlín.marzo2012

No hay comentarios:

días

cuadernos