sábado, noviembre 7

Yo era un país ocupado


Al menos dos veces al mes desaparecía.
Como los perros cuando se van de perras.
Regresaba días después; a veces limpia,
a veces con ese olor fuerte y penetrante
del sudor que ha permanecido en la piel
durante días.

No hablaba.

Me besaba en la frente,
se sentaba en la mesa de la cocina
y lloraba.

Ésta nunca ha sido una casa de preguntas.

Yo era un país ocupado
que aguardaba en silencio
la sucesión de los acontecimientos.

Detenía mi rutina.
Los días que pasaba solo eran mucho peores
que los días en que ella regresaba.
Así era mi dependencia, mi rendición.

Siempre llegaba el momento en que me abrazaba
por la espalda, fuerte,
y nos quedábamos así,
inmóviles hasta que su respiración reposaba.

Yo me dejaba hacer. Ella no me soltaba.
No volverá a suceder, decía.
No volverá a suceder.

Y yo me dejaba.

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